Memoria viva Ponferrada. Despedida de la comunidad

  

La historia de la Asunción en Ponferrada comenzó en 1967, cuando las primeras religiosas llegaron al entonces joven barrio de Flores del Sil para responder a la necesidad educativa de una población en constante crecimiento. Desde entonces, cientos de niños y jóvenes han pasado por las aulas del colegio, encontrando en ellas no solo formación académica, sino también una educación integral inspirada en el Evangelio y en el carisma de Santa María Eugenia. Este curso que hemos terminado se ha graduado la trigésima promoción.

A lo largo de estos años, las hermanas han sabido adaptarse a los cambios sociales y educativos, acompañando a generaciones de familias, impulsando iniciativas pastorales y sociales, colaborando estrechamente con la parroquia y haciendo del colegio un espacio abierto al barrio y a la ciudad.

El pasado 20 de abril Lola Herrera y su Consejo estuvieron a Ponferrada para comunicar al Claustro, al Consejo Escolar, a la Parroquia, a la Comunidad de Asunción Juntos que en el curso 26- 27 no habría comunidad de religiosas acompañando la vida y misión que las hermanas realizábamos en esta ciudad. Fueron momentos de preguntas, de silencio, de abrazos y lágrimas. De aceptación y desprendimiento. El tercer trimestre ha sido muy especial porque tocaba decir “adiós” y “A – Dios” sean dadas las gracias.

El domingo 28 de junio tras 59 años de presencia ininterrumpida en el barrio de Flores del Sil, las hermanas cerramos una etapa de servicio y misión compartida, dejando una herencia de fe, educación y compromiso que continuará vivo en la comunidad educativa. Ella asume con confianza, esperanza y responsabilidad el futuro. Precisamente, estas tres palabras -confianza, esperanza y responsabilidad- han resonado con fuerza en las distintas celebraciones, expresando el sentir de quienes hemos compartido este camino y el deseo de que sigan guiando el futuro de la comunidad educativa.

La jornada comenzó con una Eucaristía de Acción de Gracias en la parroquia de Santiago Apóstol, presidida por el administrador diocesano de Astorga, D. Javier Gay, y concelebrada por el delegado episcopal de Pastoral, D. José Manuel Carrasco y el párroco, D. José Antonio Madero. El templo se llenó para acompañar a la comunidad, Lola y el Consejo Provincial, hermanos y hermanas de otras congregaciones presentes en Ponferrada, el equipo directivo, profesorado, alumnado, familias, antiguos alumnos, catequistas, miembros de CAJ y numerosas personas que, a lo largo de estas décadas, han formado parte de la historia de la Asunción en Ponferrada.

Desde el comienzo de la celebración se respiraba un profundo clima de acción de gracias. La liturgia invitó a reconocer la fidelidad de Dios a través de la entrega silenciosa de tantas hermanas que, durante casi seis décadas, han anunciado el Evangelio mediante la educación, el acompañamiento y la cercanía.

En su homilía, D. Javier Gay destacó que las Religiosas de la Asunción han sido un verdadero signo de la misericordia de Dios para tantas generaciones, haciendo visible el Evangelio en la vida cotidiana del colegio, de la parroquia y del barrio. Su presencia, afirmó, ha dejado una huella imborrable en la diócesis.

Al finalizar la Eucaristía, D. Javier hizo entrega de un cuadro conmemorativo en nombre de toda la Iglesia diocesana como reconocimiento por el servicio prestado desde la llegada de las primeras hermanas a Ponferrada, el 12 de septiembre de 1967. En el cuadro hay una placa en la que se lee el siguiente texto: “La Diócesis de Astorga en agradecimiento a la Congregación de religiosas de la Asunción que desde el 12 de septiembre de 1967 han estado presentes en Ponferrada. Muy agradecidos por el testimonio de vida y por todo el servicio prestado en la labor educativa. En Ponferrada, a 28 de junio de 2026”.

Una de las catequistas leyó un texto lleno de agradecimiento, de todo él queremos destacar: “No se marcha solo una comunidad religiosa; se va una parte de la historia de nuestro barrio, de nuestra parroquia y de nuestras propias vidas. Habéis hecho mucho más que realizar una misión: habéis compartido la vida con nosotros; habéis dejado una huella profunda que permanecerá mucho después de vuestra partida”.

Un hermano Marista también dedicó unas palabras cargadas de memoria y poesía: “durante casi 60 años, las hermanas no buscaron ser el centro de atención, sino ser transparentes para dejar pasar una luz multicolor, llenando las vidas de sus alumnos de amor y ternura. Ellas fueron los cristales a través de los cuales Ponferrada vio la alegría, la sencillez y la verdad. Y como decía santa María Eugenia que en el surco del ayer sigan germinando semillas de futuro”.

Recibimos aplausos, abrazos y agradecimientos conscientes que antes que nosotras, aquí han trabajado en la extensión del Reino muchas hermanas.

Todo empieza con un sí

Ese mismo espíritu de gratitud marcó también la celebración de final de curso del colegio, que tuvo lugar el viernes 24. A través de diferentes momentos, alumnos y profesores recorrieron los acontecimientos más significativos del curso, recordando que cada paso dado en el aprendizaje, la solidaridad, la reconciliación, los tiempos litúrgicos, el compromiso y el servicio nacen siempre de un "sí" confiado, como el de santa María, el de Jesucristo y el de santa María Eugenia. No queremos olvidarnos que, de buena mañana, el grupo de alumnos madrugadores nos vino a cantar para despedirse de nosotras.

Sin embargo, el momento más emotivo llegó con el homenaje a las Religiosas de la Asunción. Recogemos resumidas las palabras que leyó Luis Daniel: “la comunidad educativa se une para agradecer a las religiosas de la Asunción tantos años de presencia, entrega silenciosa y servicio, personificados en superioras como Evelia, Carmen Borja, Ana Pilar, Dolores García, Cecilia Manrique, Toñi, M.ª José García, Inés Terceño, Pilar Díez y Asun. Aunque el próximo curso su ausencia diaria se hará notar, su legado educativo y evangélico, basado en el sueño de Santa María Eugenia, permanece vivo en las generaciones de alumnos, familias y profesores que formaron. Más que transmitir conocimientos, nos enseñaron a vivir. Hoy no les decimos adiós, sino gracias por su “sí” generoso y por haber sido parte fundamental de nuestra historia. ¡Recibid todo nuestro cariño!”

Cada una de nosotras recibimos unos ramos de flores de manos del equipo directivo y el coro cantaba Para amar y servir. Un prolongado aplauso de alumnos, familias, profesores y antiguos alumnos puso voz al cariño acumulado durante casi seis décadas. De nuevo, hubo abrazos, lágrimas y palabras de agradecimiento.

El lunes 29, celebramos de nuevo la Eucaristía en la capilla del Colegio. Fue una profunda acción de gracias por la vida entregada y la vocación. Desde la monición de entrada se destacó la herencia que se ha ido sembrado durante tantos años, invitando a toda la comunidad a dar gracias por los frutos de su misión. José Antonio Madero, nuestro párroco, invitó a toda la comunidad educativa a mirar al futuro con confianza y esperanza. 

Las lecturas y el Evangelio centraron la celebración en la misericordia de Dios, la gratitud y el mandamiento del amor, recordando la llamada de Jesús a permanecer en su amor y a dar fruto, uno que sea abundante y duradero. El coro formado por profesores y las canciones elegidas contribuyeron a que esta acción de gracias tuviera un tono alegre y profundo. Del momento de las ofrendas queremos destacar que junto con Vicky un grupo de profesoras danzó. Sí, esta danza nos emocionó y nos recordó el rostro universal y fraterno que vivimos en la Asunción. Queremos recordar que durante muchos años Ponferrada acogió AMAS y también algunas profesoras han hecho la experiencia de ser AMA.

La celebración concluyó con una emotiva acción de gracias en la que se reconoció el testimonio de las religiosas, su "sí" generoso a Dios y la huella imborrable que dejan en el colegio. Con esperanza y gratitud, la comunidad las encomendó al Señor, comprometiéndose a continuar la misión recibida y a hacer fructificar todo lo que ellas han sembrado. Pero, aún quedaba una sorpresa final. En el pasillo que va desde la portería a las clases de la guardería, enfrente de los recibidores, ¡están nuestras siluetas con nuestra cruz! Nuestra cruz, la que todas nosotras llevamos y la que nos reconoce como Religiosas de la Asunción. Y una placa que reza lo siguiente: “recuerdo de todas las religiosas que nos han acompañado”. Fue una sorpresa muy grata, preparada con mucho cariño que nos emocionó y nos hizo sonreír. Terminamos el día con una agradable comida fraterna y cada una de nosotras dio gracias por todo lo vivido en Ponferrada. Gracias por tanto detalle, palabras y gestos de cariño y agradecimiento recibido en estos días.

Que las palabras de Lola Herrera, al terminar la Eucaristía del domingo, sirvan de cierre a esta crónica: “con el corazón lleno de sentimientos encontrados, la comunidad de la Asunción se despide de Ponferrada tras casi seis décadas de vida, fe y servicio compartido. A lo largo de estos años, las hermanas han caminado junto al pueblo, celebrando alegrías, acompañando tristezas y viendo crecer a generaciones enteras en las aulas, la parroquia y el barrio. Nos marchamos físicamente, pero una parte de nuestro corazón permanecerá siempre aquí. Nos llevamos nombres, rostros, historias y recuerdos que nos acompañarán allí donde estemos. Aunque la comunidad religiosa parte, el carisma de Madre Eugenia seguirá muy vivo a través de la comunidad educativa y los laicos de la Asunción, quienes continuarán dando vida al proyecto. Con una profunda gratitud hacia cada persona y colectivo que les abrió las puertas de su hogar, las hermanas se despiden confiando en que la semilla sembrada seguirá dando frutos de fraternidad y esperanza. No es un adiós, sino un "hasta siempre" unidos en el afecto, el recuerdo y la oración”.

Que nuestro agradecimiento por estos 59 años permanezca en forma de oración: “Dios dirige todo y nunca mano más amorosa ni más sabia puede guiar nuestro destino” (santa María Eugenia). “Señor no abandones la obra de tus manos” (Salmo 138, 8). Que tu bendición acompañe a todos los que dan vida al Colegio de La Asunción de Ponferrada. Ahora y por siempre.

Con el corazón agradecido, porque la Asunción de Ponferrada es una familia y así lo hemos vivido y experimentado tantas hermanas.  ¡Gracias por tanto!

Asun, Marí Luz, Bene, Ana y Vicky